miércoles, 15 de febrero de 2012

Parábola del empresario elefante

[Autor desconocido]

En el corazón del África Safari vivía una gran manada de elefantes, que recorría las extensas praderas bajo el inclemente sol. Todos los días, la rutina consistía en visitar algunos ojos de agua para beber y refrescarse.

El líder de la manada era Herminio, un gran y majestuoso elefante. Éste se había convertido en líder durante sus primeros años de madurez, cuando Tony, el viejo líder, había perdido la vida a manos de un codicioso cazador. Herminio había reinado supremo, defendiendo a su manada de todos los predadores. Ahora, en sus últimos años, sus colmillos mostraban las señales de muchas batallas.

Herminio era un líder fuerte e inflexible en sus decisiones. Había protegido a la manada a su rigurosa manera y rara vez había escuchado algún otro punto de vista. A menudo se encontraba en una situación potencialmente peligrosa y tenía que tomar una decisión inmediata por sí mismo. En muchas ocasiones había tenido la suerte de no perder jóvenes crías en las garras de los leones hambrientos.

Los jóvenes elefantes, entre los cuales estaban Aldo y Pepe, trataban de convencer a su líder para que variara sus rutas y horarios en los ojos de agua, pero ninguno tuvo éxito. Los leones conocían bien las rutinas y esto hacía que las crías fuesen una presa fácil.

¡El desastre los golpeó! El líder no vio a la leona Landy acechando a la manada. Las leonas Landy y Loli saltaron de los arbustos, atrapando a dos crías. Sus madres furiosas pelearon con valor para salvarlas; sin embargo, Landy y Loli eran fuertes y estaban decididas, ya que necesitaban alimentar a sus hijos. Utilizaron el ataque sorpresa a su favor.

Herminio se rehusó totalmente a creer que su decisión de no variar las rutinas era la culpable. Después de todo, él tenía tres esposas a las que amaba mucho. Nunca pondría en peligro el bienestar de sus cónyuges, creía que actuaba en el mejor interés de su manada.

Los elefantes más jóvenes intentaron una y otra vez influir en el líder, a fin de que modificara sus rutinas y horarios para llegar a los ojos de agua. Sin embargo, el líder sencillamente no los escuchó. Continuó tomando sus decisiones a medias, cada que surgía una crisis.

La pérdida de crías pequeñas, así como de los más viejos y lentos elefantes, a causa de los leones, se convirtió en algo común durante los siguientes meses. Razón por la cual los jóvenes elefantes decidieron que había llegado el momento de reemplazar a su líder.

Los pequeños de la manada habían quedado tristemente reducidos y existían pocas esperanzas de que nacieran nuevas crías bajo las terribles condiciones de sequía. Cuanto menos eran los miembros de la manada, más vulnerables al ataque se tornaban, ya que los leones sentían su debilidad y falta de unidad.

El tiempo de destituir al líder había llegado. Los elefantes jóvenes llevaron a Herminio al Laurel de Tadeo y ahí, en una espesa zona de matorrales, el miembro más fuerte que era Aldo inició una cruda batalla que terminó cuando el líder, debilitado, se golpeó con un gran tronco.

Una vez vencido, Herminio fue exiliado de la manada y se quedó abandonado, deambulando solo por la plaza grande, vendiendo sus encantos a los turistas.

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