domingo, 10 de agosto de 2014

El caballero de la armadura oxidada

Hace ya mucho tiempo, en una tierra muy lejana, vivía un caballero que pensaba que era bueno, generoso y amoroso. Hacía todo lo que suelen hacer los caballeros buenos, generosos y amorosos. Luchaba contra sus enemigos, que eran malos, mezquinos y odiosos. Mataba dragones y rescataba damiselas en apuros.

Nuestro caballero era famoso por su armadura. Reflejaba unos rayos de luz tan brillantes que la gente del pueblo juraba haber visto el sol salir cuando el caballero partía a la batalla. Y partía a la batalla con bastante frecuencia. Ante la mera mención de una cruzada, el caballero se ponía la armadura entusiasmado, montaba su caballo y cabalgaba en cualquier dirección.

Durante años, el caballero se esforzó en ser el número uno del reino. Siempre había otra batalla que ganar, otro dragón que matar u otra damisela que rescatar.

El caballero tenía una mujer fiel y bastante tolerante, Julieta. También tenía un joven hijo de cabellos dorados, Cristóbal, al que esperaba ver, algún día, convertido en un valiente caballero.

Julieta y Cristóbal veían poco al caballero porque, cuando no estaba luchando en una batalla, matando dragones o rescatando damiselas, estaba ocupado probándose su armadura y admirando su brillo. Con el tiempo, el caballero se enamoró hasta tal punto de su armadura que se la empezó a poner para cenar y, a menudo, para dormir. Después de un tiempo, ya no se tomaba la molestia de quitársela para nada. Poco a poco, su familia fue olvidando qué aspecto tenía sin ella.

Ocasionalmente, Cristóbal le preguntaba a su madre qué aspecto tenía su padre. Cuando esto sucedía, Julieta llevaba al chico hasta la chimenea y señalaba el retrato del caballero. 

- He ahí a tu padre- decía con un suspiro.
- Ojalá pudiera ver a papá en persona.

Julieta estaba cada vez más harta de tener tan solo una pintura como recuerdo del rostro de su marido y estaba cansada de dormir mal por culpa del ruido metálico de la armadura. Un día decidió enfrentarlo.

- Creo que amas más a tu armadura de lo que me amas a mí.

- Eso no es verdad -respondió el caballero-. ¿Acaso no te amé lo suficiente como para rescatarte de aquel dragón e instalarte en este elegante castillo con paredes empedradas?

- Lo que tú amabas -dijo Julieta, espiando a través de la visera para poder ver sus ojos- era la idea de rescatarme. No me amabas realmente entonces y tampoco me amas realmente ahora.

- ¡Claro que te amo! -insistió el caballero, abrazándola torpemente con su fría y rígida armadura, casi rompiéndole las costillas.

- ¡Entonces, quítate esa armadura para que pueda ver quién eres en realidad! -le exigió.

- No puedo quitármela. Tengo que estar preparado para montar en mi caballo y partir en cualquier dirección -explicó el caballero.

- Si no te quitas esa armadura, tomaré a Cristóbal, subiré en mi caballo y me marcharé de tu vida.

Bueno, esto sí que fue un duro golpe para el caballero. No quería que Julieta se fuera. Amaba a su esposa y a su hijo y a su elegante castillo, pero también amaba su armadura porque le mostraba a todos quién era él: un caballero bueno, generoso y amoroso. ¿Por qué no se daba cuenta Julieta de ninguna de esas cualidades?

El caballero estaba inquieto. Finalmente tomó una decisión. Continuar llevando la armadura no valía la pena si por ello había de perder a Julieta y a Cristóbal.

De mala gana, el caballero intentó quitarse el yelmo pero, ¡no se movió! Tiró con más fuerza, estaba muy enganchado. Desesperado intentó levantar la visera pero, por desgracia, también estaba atascada. Aunque tiró de la visera una y otra vez, no consiguió nada. Había quedado atrapado en su armadura.

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FUENTE: El caballero de la armadura oxidada, de Robert Fisher.


miércoles, 12 de febrero de 2014

La importancia de compartir

Un hombre tenía un sembrado con las mejores flores que nadie pudiera conocer.

Año tras año ganaba el premio a las flores más grandes y de mejor calidad, obteniendo con ello la admiración de todos en la región.

Un día se acercó a él un periodista para preguntarle el secreto de su éxito y el hombre contestó:

- Mi éxito se lo debo a que de cada cultivo saco las mejores semillas y las comparto con mis vecinos, para que ellos también las siembren.

- ¿Cómo?  -dijo el periodista- pero eso es una locura. ¿Por qué comparte su mejor semilla con sus vecinos, si usted también participa en el mismo concurso año tras año? ¿Acaso no teme que sus vecinos se hagan famosos como usted y le quiten su prestigio?

- Verá usted señor -dijo el floricultor-: el viento lleva el polen de las flores de un sembrado a otro. Si mis vecinos cultivaran una semilla de calidad inferior, la polinización cruzada degradaría constantemente la calidad de mis flores. Si deseo cultivar las mejores y más bellas flores, debo ayudar a que mi vecino también lo haga.

Lo mismo ocurre con otras situaciones de nuestra vida. Quienes quieren lograr el éxito, deben ayudar a que sus vecinos también tengan éxito. Quienes decidan vivir bien, deben ayudar a que los demás vivan bien, porque el valor de una vida se mide por las vidas que toca. El bienestar de cada uno se halla unido al bienestar de todos los demás.

Es necesario compartir nuestras mejores semillas de cualidades y virtudes, para obtener una excelente cosecha que se verá reflejada en una mejor sociedad. 

[Autor desconocido]

martes, 4 de febrero de 2014

Plan de Mejora Continua


El ciclo de la mejora continua tiene 4 momentos: planear, hacer, verificar y actuar.

Ninguna escuela debería comenzar el ciclo escolar sin haber realizado una adecuada planeación, en la que se definan claramente los resultados que pretenden alcanzar, incluyendo el cómo, cuándo y qué piensan hacer para lograrlo.

Trabajar de memoria no funciona. Hacer lo mismo de siempre no servirá para obtener mejores resultados. El estancamiento es el comienzo de la muerte en una organización.

El proceso de planificar la mejora inicia respondiendo una serie de preguntas básicas: 
  • ¿Dónde estamos ahora?
  • ¿Dónde quisiéramos estar?
  • ¿Cómo llegaremos hasta ahí?
  • ¿Qué debemos hacer para conseguirlo?
  • ¿Cómo podemos mejorar lo que estamos haciendo?

El Plan de Mejora Continua es una valiosa herramienta que permitirá dirigir y encauzar acciones que contribuyan a la mejora del servicio educativo que presta un plantel. Nos ayudará a dibujar el camino de la escuela que tenemos a la escuela que queremos.
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TALLER PARA LA ELABORACIÓN DEL PLAN DE MEJORA CONTINUA:

Fecha: Jueves 6 de febrero de 2014.
Lugar: Hotel Baluartes.
Participantes: Directores de planteles del Colegio de Bachilleres de Campeche, Subdirectores y Responsables Académicos, Responsables de centros EMSaD.


Materiales y recursos: